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martes, 19 de julio de 2011

SOBRE LAS CHICAS DEL 28 DE MAYO, UN ARTÍCULO PARA REFLEXIONAR


Las del 28 de mayo

Domingo 17 de julio de 2011
Por Silvia Buendía
En su libro Devenir Perra -al que tanto le debemos este artículo y yo misma- Itziar Ziga habla de lo que significa ser una perra. Ziga observa que para la opinión publica una solo puede ser puta, zorra o perra cuando es otro quien nos lo dice; no cuando una lo exclama. Las mujeres somos putas; los hombres, hijos de puta. La posibilidad de que la mujer asuma su propia identidad lejos de la construcción cultural de femineidad ideal y sea libre y autónoma, dueña de su cuerpo y de su sexualidad, es una idea transgresora. Por eso Ziga reivindica el término perra como sinónimo de libertad. Porque no quiere ser una chica buena. Ella escribe desde las alcantarillas del sexo, desde el activismo y la rabia de género y de clase. Como mujer mala y mujer pobre.
El video del 28 de mayo ofendió a la opinión pública básicamente porque sus protagonistas eran chicas jóvenes con uniformes de colegio. Exactamente como lo dice Ziga en su libro: cuando una mujer rompe con las normas de la sociedad machista patriarcal se vuelve puta. Por su conducta las alumnas del 28 de Mayo dejaron de habitar en el imaginario colectivo como colegialas comunes para convertirse en unas muchachas ubicadas en la periferia de la moral. Fueron señaladas por ser jóvenes, por tener mal gusto, por estar en un colegio público, por dejarse magrear, por ser pobres. Indignas. Putas. Yo deseo reapropiarme del insulto en el sentido más extremo y con toda la revancha y el cabreo que hoy me habita. Si ser puta es expresarse sexualmente en un ámbito privado mediante un baile crudo, antiestético y sexual; romper con el eterno femenino que obliga a la candidez y la ponderación… sea pues, de pronto todas somos o hemos sido unas putas alguna vez. Y a mucha honra, pues lo hicimos en el ejercicio de nuestra libertad.
A menudo cuando se habla de libertad se alude inmediatamente al libertinaje. Y como sabemos, no hay nada más peligroso que el que la bella libertad derrape en abyecto libertinaje. Sin embargo, la libertad suele ser algo mucho más humilde y menos estridente. Es simplemente la posibilidad de que el ser humano desarrolle un proyecto de felicidad. Aquí caben muchas cosas: la posibilidad de expresión, el sentimiento de pertenencia, el derecho a experimentar el placer sexual y el sentir lúdico.
Cuando se hizo escarnio de estas chicas en las redes sociales y los medios de comunicación jamás se pensó que eran jóvenes menores de edad que merecían respeto y protección. Jamás se pensó que lo que vimos en el video eran imágenes de una fiesta privada a la que no fuimos invitados. Tal vez lo que más agredió a nuestra sociedad de gente biempensante –voyerista y vengativa- es que estas chicas malas, que disfrutaban buscando y encontrando otros cuerpos en forma claramente sexual, pudieran luego asistir nuevamente al colegio con la mayor impunidad. Por eso la exigencia de un castigo ejemplarizador que más que enmendarlas las destruya.
Patria León, rectora del 28 de Mayo, no dudó en expulsarlas del colegio como quien saca manzanas podridas de un cajón. Para esto se aludió a la dignidad de la institución, al respeto debido al uniforme. Como si las instituciones no estuvieran conformadas por personas, como si los uniformes pudieran tener más derechos que los seres humanos.
Hoy las chicas del 28 de Mayo han sido reintegradas a la institución por la oportuna intervención de Mónica Franco, Subsecretaria de Educación. Sin embargo, y con embargo, a mí me quedan aún grabadas en la mente las expresiones de intolerancia que este tema evidenció. Además del mal manejo que de esto hizo la prensa y las autoridades del colegio, está todo un catálogo de aseveraciones machistas y absurdas que la opinión pública y las redes sociales cobijaron. Me parece increíble, por ejemplo, que de algo privado se haya querido hacer holocausto público. Que todo el barullo se haya centrado en la condena de las chicas, pues de los alumnos del Vicente Rocafuerte que también estaban en el video poco o nada se dijo. No solo nadie los ha sancionado (por hacer exactamente lo mismo) sino que ni siquiera han sido identificados.
Somos una sociedad que tolera la hipersexualización de la mujer y su temprana inserción en este mundo de estereotipos vamp desde la más tierna infancia. La mujer objeto es el ícono que vende desde cigarrillos y licores hasta carros y casas. Pero esta tolerante sociedad se escandaliza al ver a chicas ejerciendo su derecho a bailar, a gozar con sus cuerpos. Mujeres que dejan de ser objetos y se convierten en sujetos. Entonces se habla de falta de dignidad, de desvergüenza. Se grita al cielo exigiendo la necesaria pureza de las adolescentes. Hipócritas. Después de todo, ya lo decía Marguerite Yourcenar, “la pureza es la peor de las perversiones”.

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