SOBRE LAS CHICAS DEL 28 DE MAYO, UN ARTÍCULO PARA REFLEXIONAR
Las del 28 de mayo
Domingo 17 de julio de 2011
Por
Silvia Buendía
En
su libro Devenir Perra -al que tanto le debemos este artículo y yo
misma- Itziar Ziga habla de lo que significa ser una perra. Ziga
observa que para la opinión publica una solo puede ser puta, zorra o
perra cuando es otro quien nos lo dice; no cuando una lo exclama. Las
mujeres somos putas; los hombres, hijos de puta. La posibilidad de
que la mujer asuma su propia identidad lejos de la construcción
cultural de femineidad ideal y sea libre y autónoma, dueña de su
cuerpo y de su sexualidad, es una idea transgresora. Por eso Ziga
reivindica el término perra como sinónimo de libertad. Porque no
quiere ser una chica buena. Ella escribe desde las alcantarillas del
sexo, desde el activismo y la rabia de género y de clase. Como mujer
mala y mujer pobre.
El video del 28 de mayo ofendió a la opinión pública básicamente
porque sus protagonistas eran chicas jóvenes con uniformes de
colegio. Exactamente como lo dice Ziga en su libro: cuando una mujer
rompe con las normas de la sociedad machista patriarcal se vuelve
puta. Por su conducta las alumnas del 28 de Mayo dejaron de habitar
en el imaginario colectivo como colegialas comunes para convertirse
en unas muchachas ubicadas en la periferia de la moral. Fueron
señaladas por ser jóvenes, por tener mal gusto, por estar en un
colegio público, por dejarse magrear, por ser pobres. Indignas.
Putas. Yo deseo reapropiarme del insulto en el sentido más extremo y
con toda la revancha y el cabreo que hoy me habita. Si ser puta es
expresarse sexualmente en un ámbito privado mediante un baile crudo,
antiestético y sexual; romper con el eterno femenino que obliga a la
candidez y la ponderación… sea pues, de pronto todas somos o hemos
sido unas putas alguna vez. Y a mucha honra, pues lo hicimos en el
ejercicio de nuestra libertad.
A
menudo cuando se habla de libertad se alude inmediatamente al
libertinaje. Y como sabemos, no hay nada más peligroso que el que la
bella libertad derrape en abyecto libertinaje. Sin embargo, la
libertad suele ser algo mucho más humilde y menos estridente. Es
simplemente la posibilidad de que el ser humano desarrolle un
proyecto de felicidad. Aquí caben muchas cosas: la posibilidad de
expresión, el sentimiento de pertenencia, el derecho a experimentar
el placer sexual y el sentir lúdico.
Cuando
se hizo escarnio de estas chicas en las redes sociales y los medios
de comunicación jamás se pensó que eran jóvenes menores de edad
que merecían respeto y protección. Jamás se pensó que lo que
vimos en el video eran imágenes de una fiesta privada a la que no
fuimos invitados. Tal vez lo que más agredió a nuestra sociedad de
gente biempensante –voyerista y vengativa- es que estas chicas
malas, que disfrutaban buscando y encontrando otros cuerpos en forma
claramente sexual, pudieran luego asistir nuevamente al colegio con
la mayor impunidad. Por eso la exigencia de un castigo ejemplarizador
que más que enmendarlas las destruya.
Patria León, rectora del 28 de Mayo, no dudó en expulsarlas del
colegio como quien saca manzanas podridas de un cajón. Para esto se
aludió a la dignidad de la institución, al respeto debido al
uniforme. Como si las instituciones no estuvieran conformadas por
personas, como si los uniformes pudieran tener más derechos que los
seres humanos.
Hoy las chicas del 28 de Mayo han sido reintegradas a la institución
por la oportuna intervención de Mónica Franco, Subsecretaria de
Educación. Sin embargo, y con embargo, a mí me quedan aún grabadas
en la mente las expresiones de intolerancia que este tema evidenció.
Además del mal manejo que de esto hizo la prensa y las autoridades
del colegio, está todo un catálogo de aseveraciones machistas y
absurdas que la opinión pública y las redes sociales cobijaron. Me
parece increíble, por ejemplo, que de algo privado se haya querido
hacer holocausto público. Que todo el barullo se haya centrado en la
condena de las chicas, pues de los alumnos del Vicente Rocafuerte que
también estaban en el video poco o nada se dijo. No solo nadie los
ha sancionado (por hacer exactamente lo mismo) sino que ni siquiera
han sido identificados.
Somos
una sociedad que tolera la hipersexualización de la mujer y su
temprana inserción en este mundo de estereotipos vamp desde la más
tierna infancia. La mujer objeto es el ícono que vende desde
cigarrillos y licores hasta carros y casas. Pero esta tolerante
sociedad se escandaliza al ver a chicas ejerciendo su derecho a
bailar, a gozar con sus cuerpos. Mujeres que dejan de ser objetos y
se convierten en sujetos. Entonces se habla de falta de dignidad, de
desvergüenza. Se grita al cielo exigiendo la necesaria pureza de las
adolescentes. Hipócritas. Después de todo, ya lo decía Marguerite
Yourcenar, “la pureza es la peor de las perversiones”.
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