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viernes, 1 de julio de 2011

ESTIBADORES, TAXISTAS, COMERCIANTES, OBREROS, SON LA FUERZA COMERCIAL DEL “KIOSKO AZUL”


Olga Yar trabaja 15 horas al día. Los sectores populares son quienes sostienen su negocio.
En la calle Calderón, la más comercial del centro del Tulcán, funciona el “Kiosko Azul”. Un espacio de dos metros cuadrados que desde hace ochos años atrás es el sitio que alimenta a taxistas, obreros, y comerciantes con un concepto popular planteado por Olga Yar Imbacuan, su dueña.

Esta zona se caracteriza por la venta de víveres hacia Colombia, es un territorio comercial activo donde confluyen representantes de varios sectores populares que dinamizan y equilibran el desarrollo económico de la ciudad. Aquí trabaja Olga Yar.

Inicia desde las cinco de la mañana preparando alimentos que vende desde muy temprano a los trabajadores de la zona. Ofrece desayunos, almuerzos, café de la tarde, todo a precios que van desde los 50 centavos a 2 dólares. Mantiene los precios de cuando inició, no los modifica por puro sentido común, “gano clientes y mantengo mis ventas”.

Y es que quienes se acercan a su kiosko de dos metros cuadrados, espacio suficiente para “trabajar desde la imaginación”, son celadores, estibadores, choferes, secretarias, obreros de la construcción, que encuentran en “Kiosko Azul”, un espacio que refleja su estructura social de trabajo. “Somos lo que es ella. Por eso será que nos entiende cuanto podemos pagar y cuanto queremos comer”, dice Marlon Ger, constructor. 


También llegan desde del extremo sur de la ciudad. Llevan cinco dólares de arepas, carnes azadas. Ahora tengo que dar café a 10 obreros, hasta que acaben la construcción; así fue el trato con los dueños”.
Prefieren su trabajo, su comida, sí; pero también prefieren su amabilidad, “ese algo que siempre falta en los vendedores de esta ciudad”, dice uno de sus compradores.

Pero son los colombianos los que más aportan a su kiosko. Desde las ocho de la mañana están pendientes de qué desayunar, de qué almorzar, del café de la tarde. Y es que ellos pasan hasta doce horas en esta zona, transportan como hormigas todo tipo de víveres a Colombia. Son tanto para doña Olga como para el centro comercial de Tulcán los generadores constantes de dinero.

Las calles Calderón y Venezuela históricamente han sido el núcleo comercial de Tulcán, por decir algo: en la Gobierno del General Guillermo Rodríguez Lara (1972-1976), fue considerado como el “mercado negro” de la ciudad, donde el contrabando estaba representado desde una barra de jabón, a un quintal de azúcar; esto por le rentabilidad que generaba al ser vendido en territorio colombiano. Esta estructura comercial se mantiene, pero ya no como “mercado negro”.

Doña Olga asegura que sus ingresos son buenos o suficientes para vivir cómodamente. “Todo está en tener la fuerza creativa para lograr encontrar en el resto de gente el trabajo propio”. De allí que es hasta envidiable que venda hasta 300 arepas (tortillas) con café cada tarde, hasta envidiable que logre desde un espacio tan pequeño mantener un número determinado de clientes que durante ocho años son fieles a su trabajo.

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