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| Olga Yar trabaja 15 horas al día. Los sectores populares son quienes sostienen su negocio. |
En
la calle Calderón, la más comercial del centro del Tulcán,
funciona el “Kiosko Azul”. Un espacio de dos metros cuadrados que
desde hace ochos años atrás es el sitio que alimenta a taxistas,
obreros, y comerciantes con un concepto popular planteado por Olga
Yar Imbacuan, su dueña.
Esta
zona se caracteriza por la venta de víveres hacia Colombia, es un
territorio comercial activo donde confluyen representantes de varios
sectores populares que dinamizan y equilibran el desarrollo económico
de la ciudad. Aquí trabaja Olga Yar.
Inicia
desde las cinco de la mañana preparando alimentos que vende desde
muy temprano a los trabajadores de la zona. Ofrece desayunos,
almuerzos, café de la tarde, todo a precios que van desde los 50
centavos a 2 dólares. Mantiene los precios de cuando inició, no
los modifica por puro sentido común, “gano clientes y mantengo mis
ventas”.
Y
es que quienes se acercan a su kiosko de dos metros cuadrados,
espacio suficiente para “trabajar desde la imaginación”, son
celadores, estibadores, choferes, secretarias, obreros de la
construcción, que encuentran en “Kiosko Azul”, un espacio que
refleja su estructura social de trabajo. “Somos lo que es ella. Por
eso será que nos entiende cuanto podemos pagar y cuanto queremos
comer”, dice Marlon Ger, constructor.
“También
llegan desde del extremo sur de la ciudad. Llevan cinco dólares de
arepas, carnes azadas. Ahora tengo que dar café a 10 obreros, hasta
que acaben la construcción; así fue el trato con los dueños”.
Prefieren
su trabajo, su comida, sí; pero también prefieren su amabilidad,
“ese algo que siempre falta en los vendedores de esta ciudad”,
dice uno de sus compradores.
Pero
son los colombianos los que más aportan a su kiosko. Desde las ocho
de la mañana están pendientes de qué desayunar, de qué almorzar,
del café de la tarde. Y es que ellos pasan hasta doce horas en esta
zona, transportan como hormigas todo tipo de víveres a Colombia.
Son tanto para doña Olga como para el centro comercial de Tulcán
los generadores constantes de dinero.
Las
calles Calderón y Venezuela históricamente han sido el núcleo
comercial de Tulcán, por decir algo: en la Gobierno del General
Guillermo Rodríguez Lara (1972-1976), fue considerado como el
“mercado negro” de la ciudad, donde el contrabando estaba
representado desde una barra de jabón, a un quintal de azúcar; esto
por le rentabilidad que generaba al ser vendido en territorio
colombiano. Esta estructura
comercial se mantiene, pero ya no como “mercado negro”.
Doña
Olga asegura que sus ingresos son buenos o suficientes para vivir
cómodamente. “Todo está en tener la fuerza creativa para lograr
encontrar en el resto de gente el trabajo propio”. De allí que es
hasta envidiable que venda hasta 300 arepas (tortillas) con café
cada tarde, hasta envidiable que logre desde un espacio tan pequeño
mantener un número determinado de clientes que durante ocho años
son fieles a su trabajo.


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