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viernes, 1 de julio de 2011

¿Cómo dar vida a un parque?




UN PARQUE QUE NACIÓ DESDE LA VOLUNTAD DE SU JARDINERO
Un reportaje sobre Manuel Farinango, el creador de un espacio natural. 
Tomado del Diario La Ruta Pag 7, 8
Diez años atrás el supuesto parque de Santa Marta de Cuba, no era otra cosa que un corral de animales. A Manuel Farinango le asignaron el aseo de la parroquia. Era el parque el que más trabajo necesitaba; entonces trabajó hasta darle el rostro de un parque de verdad.

"Este parque es el jardín que no tengo en mi casa"
Desde el primer día de su trabajo se planteó convertir a ese espacio sucio, descuidado, en un “parque botánico” que reúna especies nativas de la provincia del Carchi. Sembró el pumamaqui, el guanderas, también especies de clima cálido como la buganvilia, el laurel decorativo. En total ciento cuarenta especies, reunidas en un solo espacio, es lo que para muchos lo ha convertido en el parque más diverso, atractivo, y “vivo” de toda la provincia.


Todas las plantas fueron traídas por él desde los páramos y escasos bosques primarios, aunque esto implicó desaparecer días de su casa, y viajar por montes día y noche.

Cuando inició, el agua para regar el parque no había. La traía en canecas desde su casa. Hasta que, y debido a la demora de la empresa de agua potable en conceder la conexión a esta propiedad del municipio, decidió realizar nuevamente los trámites, pero esta vez a su nombre. Cuando tuvo el agua les dijo: el parque ya tiene agua, la factura está a mi nombre, pero eso si, la pagan ustedes.

Ahora trabaja en lo que él llama “el atractivo máximo de la parroquia”: la representación de un nevado con sus elementos: nieve, ríos, cascadas, lagunas, y con su flora natural compuesta de paja, frailejón, achupalla. Lo hará en el único espacio libre, pues los demás están “totalmente tomados por la naturaleza”.

La pregunta de quienes llegan al parque va destinada en saber si alguien lo asesora. “Todo es producto de mis locuras, de mi inconformidad con lo que veo; la parroquia tiene que diferenciarse por lo que hagamos gracias a la creatividad”.

Estudiantes son los que más frecuentan “el parque botánico”. Llegan a conocer “la naturaleza de la provincia, dice. “Se llevan hojas de los árboles, toman fotos, preguntan los nombres naturales de cada planta, árbol, arbusto, y se van con la tarea hecha”.

Es tan fuerte el reconocimiento que Manuel Farinango ha ganado por su trabajo, que varios alcaldes han intentado llevarlo a otros parques hacer lo mismo: a que cambien la cara de las ciudades. Se resiste a dejar Santa Marta de Cuba por la cantidad de cosas que aún, dice, falta por hacer, pese haber embellecido las calles, el cementerio, y el parque.

Sabe porque mi trabajo me queda bien -dice. Porque no lo veo como una obligación; de eso depende todo. A mi me gusta la naturaleza, aquí, en la calle, donde sea. Este parque termina siendo el jardín que no tengo en mi casa, la muestra de lo que me gusta. 

SANTA MARTA DE CUBA MUESTRA UN RINCÓN DE DIVERSIDAD NATURAL 

Al visitar Santa Marta de Cuba, usted puede encontrar como en ningún otro parque de la provincia, docenas de plantas diferentes ubicadas desde los costados de la calle principal, hasta el parque. La bienvenida se la da los árboles, la mezcla de fragancias naturales, unas grandes letras, un sol, y una caracola hecha con piedra de río. Margaritas, cholan, miramelinda, cepillo, laurel, pata de gallo, rosas, arrayán, bugambilla, carrizo, acacia verde, campanilla, sarcillejo, polilephys, son algunas de las especies que se puede conocer en en este lugar.
  
Manuel Farinango llegó desde Pimampiro hace diez años, tiempo suficiente para haber dado vida al parque de Santa Marta de Cuba. Por varias ocasiones el Municipio de Tulcán lo ha elegido como el mejor trabajador municipal. Ha dictado charlas desde su experiencia, a sus compañeros de parroquias como Maldonado, Tufiño. 





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