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La historia cuenta que nadie sabía
exactamente qué iba a pasar el 20 de julio de 1810, pero se podía
percibir una atmósfera de que algo ocurriría. Fue un viernes, día
de mercado y todo el pueblo caminaba por las calles de Santa Fe.
Ya en 1809 se habían producido los
primeros gritos de libertad en la América española, en lo que hoy
es Ecuador y Bolivia. En la Nueva Granada se habían gestado de
manera similar, y ciudades como Cartagena y Mompos habían conformado
juntas independentistas que buscaban mayor autonomía e incluso una
independencia absoluta de España
En la provincia de Santa fe se había
creado una junta de notables integrada por autoridades civiles e
intelectuales criollos. Los principales personeros de la oligarquía
criolla que conformaban la junta eran: José Miguel Pey, Camilo
Torres, Acevedo Gómez, Joaquín Camacho, Jorge Tadeo Lozano, Antonio
Morales, entre otros.
Estos comenzaron a
realizar reuniones sucesivas en las casas de los integrantes y luego
en el observatorio astronómico, cuyo director era Francisco José de
Caldas. En estas reuniones empezaron a pensar en la táctica política
que consistía en provocar una limitada y transitoria perturbación
del orden público y así aprovechar para tomar el poder.
La junta de notables
propuso entonces crear un incidente con los españoles, a fin de
crear una situación conflictiva que diera salida al descontento
potencial que existía en Santafé contra la audiencia española. Lo
importante era conseguir que el Virrey, presionado por la
perturbación del orden, constituyera ese mismo día la Junta Suprema
de Gobierno integrada por los regidores del Cabildo de Santafé.
Don Antonio Morales
manifestó que el incidente podía provocarse con el comerciante
peninsular don José González Llorente y se ofreció "gustoso"
a intervenir en el altercado. Los notables criollos aceptaron la
propuesta y decidieron ejecutar el proyecto el viernes, 20 de julio,
fecha en que la Plaza Mayor estaría colmada de gente de todas las
clases sociales, por ser el día habitual de mercado.
Se convino que un grupo
de criollos (encabezados por Pantaleón Santamaría y los hermanos
Morales) fueran el día indicado a la tienda de Llorente a pedirle
prestado un florero o cualquier clase de adorno que les sirviera para
decorar la mesa de un anunciado banquete en honor a otro criollo
destacado, Antonio Villavicencio. En el caso de una negativa, los
hermanos Morales procederían a agredir al español.
A fin de garantizar el
éxito del plan, si Llorente entregaba el florero o se negaba de
manera cortés, se acordó que don Francisco José de Caldas pasara a
la misma hora por frente del almacén de Llorente y le saludara, lo
cuál daría oportunidad a Morales para reprenderlo por dirigir la
palabra a un "chapetón" enemigo de los americanos y dar
así comienzo al incidente.
Llega el 20 de julio
Fuente:http://alejagonzalez.blogspot
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Poco antes de las doce
del día, como estaba previsto, se presentaron los criollos ante
Llorente y después de hablarle del anunciado banquete a
Villavicencio, se le pidió prestado la pieza para adornar la mesa.
Llorente se negó, pero su negativa no fue dada en términos
despectivos o groseros. Se limitó a explicar diciendo que la había
prestado varias veces y ésta se estaba maltratando y por lo tanto,
perdiendo su valor.
Entonces intervino
Caldas, quien pasó por frente del almacén y saludó a Llorente, lo
que permitió a don Antonio Morales, como estaba acordado, tomar la
iniciativa y formular duras críticas hacia Llorente. Morales y sus
compañeros comenzaron entonces a gritar que el comerciante español
había respondido con palabras contra Villavicencio y los americanos,
afirmación que Llorente negó categóricamente.
Mientras tanto los
principales conjurados se dispersaron por la plaza gritando: ¡Están
insultando a los americanos! ¡Queremos Junta! ¡Viva el Cabildo!
¡Abajo el mal gobierno! ¡Mueran los bonapartistas! La ira se tomó
el sentir del pueblo.
Indios, blancos,
patricios, plebeyos, ricos y pobres empezaron a romper a pedradas las
vidrieras y a forzar las puertas. El Virrey, las autoridades
militares y los españoles, contemplaron atónitos ese súbito y
violento despertar de un pueblo al que se habían acostumbrado a
menospreciar.
Fuente:
www.colombiaaprende.edu.

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